La Obra de Jeanne de Matel se sigue
extendiendo hasta los rincones más inesperados de la tierra,
relizándose las palabras de Dios a Jenne: "Serás una extensión de la
Encarnación llevarás a todas partes el Evangelio del amor y la
bondad.
En un recóndito lugar, a pie de la Sierra Madre Occidental se
extiende una comunidad bendecida por la sangre de tanto mártir
jesuita, Santa Catarina de Tepehuanes. En la comunidad existe un
colegio atendido por las Religiosas de la Sagrada Familia, por
varios motivos no podían continuar más su labor educativa, viéndose
en la necesidad de retirarse. Su párroco, el Señor Teobaldo
Hernández y su pastor el Arzobispo Antonio López Aviña en su gran
preocupación de su pueblo decidieron darse a la tarea de buscar una
comunidad de religiosas que pudiesen atender el colegio. Iluminados
por el Espíritu Santo pidieron a la comunidad de Religiosas del
Verbo Encarnado que radican en Gómez Palacio que se trasladaran a
dicha ciudad para continuar con las labores educativas. COmo es
característico de las religiosas de apoyar siempre a su pastor y ver
en su voluntad la voluntad de Dios, vieron que sí era posible hacer
un sacrificio y mandar hermanas a la nueva comunidad como deseaba el
Señor Arzobispo.
Es así como las Religiosas de manera definitiva se trasladan a la
pequeña comunidad de Tepehuanes en el mes de agosto de 1981 para
tomar las riendas de dicho colegio. Las hermanas que fueron
designadas para dicha fundación fueron: Sor Elena de la Santa Cruz,
Sor Francis, Sor María Angélica Montenegro, Sor Perpetuo Socorro y
Sor Carmen Soto.
En medio de grandes limitaciones, con pocos recursos en un colegio
más deteriorado que en buenas condiciones las hermanas reanudan la
labor educativa bajo el mando de una nueva Congregación.
Es así como a partir de 1981 en un designio amoroso de Dios las
Religiosas del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento traen el
Evangelio del amor y la bondad a esta comunidad del estado de
Durango, dichosas de que en un ambiente de pobreza se siga
extendiendo la obra del Verbo Encarnado y de Jeanne de Matel, siendo
este lugar un semillero de vocaciones para nuestra orden y la
iglesia. Gracias a la bondad de Dios se continúa hasta nuestros días
la obra de su amor.
